
Bajo esa premisa partimos: No al racismo. El partido de ayer entre el Racing y el Barça ha sido protagonista, más que por la hazaña de los cántabros al conseguir un valioso empate frente al lider, de haber manchado el nombre de los ciudadanos y del propio club porque cuatro sinvergüenzas e indeseables profirieran gritos a Samuel Eto’o. Entiéndase que nadie pueda admitir que existan conductas incívicas en un campo como es el insulto o la violencia de cualquier tipo, tampoco el racismo, que es algo que hay que evitar y castigar a toda costa. Pero a la vez, que un garbanzo negro no manche a los otros, ya que la publicidad que se le ha dado al asunto es totalmente errónea y exagerada. Primero porque Santander o el Racing han demostrado ser siempre deportivos, respetuosos, tolerantes y por tanto nunca racistas, teniendo jugadores de diversas nacionalidades, religiones y colores. El caso de Eto’o ha sido manipulado por los medios, ensalzando primero los silbidos que le propinaron los aficionados racinguistas, pero que no por su color, sino precisamente por sus comportamientos algunas veces poco deportivos y ciertamente chulescos, tratándole en igualdad como cualquier otro jugador al que unas veces se aplaude y otras se silba. Otra cosa ha sido que esos cuatro malnacidos hayan hecho el grito del mono, pero, por favor que eso no se extienda a la afición del Racing, que, salvo escasas excepciones, demuestra su excelente comportamiento y sus buenas maneras en cada partido, por lo que no merece que se engrandezca y manipule algo que no lo es. Si el Racing tiene que pagar una multa por racismo, bien pagada estará, pero que conste en acta que eran cuatro los racistas y no los otros 25.000. Esa puntualización debería haberse subrayado.