
Los humanos somos animales de costumbres y cuando nos cambian alguna de estas, la rechazamos de entrada, al final o bien nos acostumbramos por obligación o porque quizás ese cambio no era tan disparatado.
Sin entrar a polemizar en el hecho de la colocación de las nuevos contenedores de basura que se han instalado en Santander, se podría sopesar cuales son las ventajas y los inconvenientes. Los negativos que yo veo:
El principal es que este nuevo sistema no requiere de tanto personal para su recogida, lo que puede originar una pérdida considerable de puestos de trabajo, eso si que es un problema… pero en contraposición, se podría pensar que esos puestos se podrían invertir en nuevas actividades de limpieza de la ciudad que nunca están de más.
La segunda desventaja son las plazas de aparcamiento que se pierden, al necesitarse más espacio para su uso. Bueno, creo que no menos que los “bolardos” o las vallas que al fin y al cabo sirven para bien poco.
El tercer inconveniente es que el sistema no sido escalonado, con las incomodidades que supone e incluso la necesidad de poder haber aportado nuevas zonas de soterramiento de los contenedores, algo que parece ha funcionado más o menos bien en el Sardinero.
¿Ventajas?, pues todas las demás. La primera: La necesidad de tener un sistema selectivo de reciclaje. Algo que venimos reclamando los santanderinos desde hace tiempo. Mayor número de contenedores donde se pueda depositar vidrio, papel y plástico, además de la basura orgánica. Quizá hasta se han quedado cortos poniendo “cacharros”. Otra ventaja son sus dimensiones que permite una mayor capacidad de basura que los anteriores, con lo que conllevaba tener basura y bolsas alrededor de ellos. Además el sistema actual tiene mayor comodidad para depositar las bolsas, con su apertura con el pie, sin tener que hacer grandes esfuerzos.
Sea como fuere los contenedores de la polémica están ahí, nos gusten o no, confiemos en que este avance va por nuestro bien, otra cosa será lo que este hecho nos va a suponer para el bolsillo.