
Como otra parte más que se va de Santander y sin entrar en polémica sobre su riqueza arquitectónica, sino a su propia desaparición, la vieja lonja de pescado de la ciudad dice adiós, ante la atenta mirada de los santanderinos que ven como otro de sus recuerdos desaparece. Quizás no sea un edificio suficientemente emblemático, pero tras una buena reconstrucción y adecuación se hubiera convertido en un edificio que le diera mucha más vida a esa zona tan habitada y que tan pocos recursos culturales y de ocio tiene y que definitivamente ha perdido. Sin entrar a sopesar la revalorización que pueda suponer la zona en un puerto abierto y por el deseo de la mayoría de los vecinos de la zona, sin duda, se ha sepultado una idea y un centro cultural lleno de riqueza para nuestros hijos sin haberse puesto a pensar la enorma falta que hacen sitios como ese en un Santander donde las zonas cubiertas están solo ubicadas en los grandes centros comerciales. De cualquier manera, un adiós a otra parte de nuestro Santander que se va renovando hasta convertirse ¿en otra ciudad?