
Como suele hacerse cada año, el 1 de enero nos llenamos de buenas intenciones y promesas para cumplir, aprovechando ese cambio de periodo… algunas de ellas muy enérgicas, otras menos convincentes, pero necesarias y la mayoría imposibles.
Dejar de fumar y adelgazar deben ser seguramente las primeras en el ranking, posiblemente las más fáciles a priori, que luego resultan ser las más complicadas… Cuidarse en general es otra de las más recurridas, hacer ejercicio habitualmente por ejemplo o apuntarse a un gimnasio son las más lógicas tras los excesos navideños... Hay otras muchas, como la de visitar y llamar a amigos y familiares más frecuentemente, buscar un nuevo trabajo, cambiar de coche, viajar, ahorrar, escribir un libro, beber menos, etc...
Yo creo que lo mejor es no hacerse promesas demasiado dificultosas, al menos que no sean traumáticas en nuestro día a día y puedan causar alteraciones y efectos secundarios en el entorno habitual. Mejor es empezar por lo imprescindible, como por ejemplo ser algo más solidario. Eso es barato en la medida que te lo plantees y desees… y en algunos casos además puede resultar hasta ahorrativo, como ser menos consumista de lo que lo hemos sido este último año o reducir los gastos en energía y agua por poner algún ejemplo. Ganaremos nosotros y ganarán los demás también. Vamos a empezar por eso, luego lo otro, será cuestión de fuerza de voluntad.